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EL AMOR, LA ATENCIÓN Y LA COMPASIÓN EN LA INFANCIA

Poner atención, interés e intención hacia el cuidado de nuestros niñ@s es primordial en un tipo de sociedad como la nuestra caracterizada por la competitividad, las prisas, el hacer-hacer, y la satisfacción de los deseos materiales.


Cuando en la educación de los niños predomina la crítica por parte de los padres o educadores, estamos creando futuros adultos autocríticos, es decir infelices, insatisfechos e inseguros.
Los niños y adolescentes interiorizan profundamente los comentarios descalificadores que escuchan una y otra vez de sus padres, familiares, tutores o educadores, y esos mismos comentarios son los que aparecerán en su cabeza en la edad adulta en los momentos difíciles, dando lugar a psicopatologías, adiciones y conductas temerarias.
El niño crece pensando que ha de ser perfecto para que le quieran, pero como la perfección es imposible criamos niños con baja tolerancia a la frustración e inseguros. Hemos de tener en cuenta que la autocrítica es devastadora, no ayuda nada. Lo que hace es que se sientan cada vez más y más en el fondo del pozo, desolados, perdidos, inadaptados y sin energía para salir.

No nacemos con la capacidad imposible de no fallar o no equivocarnos, de hecho el aprendizaje surge de una sucesión de un error tras otro.


La educación, el ambiente y la cultura en la que crecen y se desarrollan juega un papel muy importante, pues cuando predomina la autoestima sana, autocompasión y la amabilidad hacia uno mismo, los resultados a nivel personal y académico son bien diferentes.
Es una cuestión de respeto hacia uno mismo, de quererse y de aceptarse sin necesitar la comparación con los demás para ello.
Los padres deseamos que nuestros hijos alcancen este nivel de autoestima sana, deseamos desarrollar niños felices y seguros de sí mismos que sepan manejarse ante las adversidades de la vida y situaciones que pueden conllevar mayor o menor complejidad, como examinarse, presentar proyectos en clase, futuras entrevistas de trabajo, exponer razonablemente los propios puntos de vista en una discusión...
Para ello hemos de tener mucho cuidado a la hora de valorar o calificar a nuestros hijos, es muy eficaz que antes de emitir una valoración o regañina le preguntemos a nuestro hijo de manera abierta: ¿cómo te sientes respecto a tu trabajo o proyecto? ¿cómo te sientes respecto a tu calificación? ¿cómo te sientes respecto a tu comportamiento con tu hermano, o tu amiga?

De esta manera lo que hacemos es fomentar la reflexión y motivación en nuestros hijos, les enseñamos a pensar, y probablemente ellos mismos ante estas cuestiones respondan positivamente, siendo conscientes de sus errores y poniendo soluciones a los problemas. Evitamos juicios inoportunos o etiquetas falsas que pueden quedar en la mente subconsciente no ayudando a la consecución de la autoestima sana.

amor atencion y comapsion en la infancia 2

La autoestima sana, está muy cerca de la autocompasión, y no proviene de sentirnos bien sintiéndonos superiores a los demás, o dependiendo de los comentarios positivos de un tercero.
Mas bien se genera por las propias ideas de nosotros mismos cuando vienen del corazón, de la aceptación de nuestras cualidades positivas y de nuestros límites.
La autocompasión y la autoestima sana van de la mano, nos permite aceptarnos como somos, con nuestros fallos e imperfecciones. Aceptar nuestra situación vital sea cual sea y además cuidarnos en base a nuestras necesidades.
Si tienes compasión por ti mismo, sabes como cuidarte y tu autoestima será alta y sana. La autocompasión se asocia a personas más sanas tanto mental como físicamente y en las que el ego ha quedado al margen de sus vidas.


Los niños que ya se han iniciado en las prácticas de mindfulness, habrán desarrollado a la par la capacidad de ser amables con ellos mismos y con los demás. Las prácticas de autocompasión y compasión concretas hacen que los niños sean más amables y compasivos de una manera más rápida pues lo captan y entienden mejor.

amor atencion y compasion en la infancia 3


Desde bien pequeños, los bebés ya muestran la naturaleza compasiva que tenemos en nuestra biología los seres humanos. En nuestra herencia genética llevamos la bondad, la compasión, la colaboración, el amor y el cuidado hacia nuestros semejantes. (I)
No obstante, esta parte de su naturaleza puede quedar infradesarrollada si no se trabaja esta cualidad.
Las experiencias en el seno familiar son muy importantes para el desarrollo de los hábitos compasivos en los niños.
El niño va creando su personalidad y concepto de sí mismo desde bebé, en la edad infantil los caracteres y personalidades van apareciendo, es muy importante ir sembrando la autocompasión, la autoestima en los niños, y evitar las críticas o emitir juicios negativos por nuestra parte. El niño con sus capacidades plenas de neuroplasticidad en el sistema nervioso va creando vías neuronales para la autocompasión y compasión, o bien para la autocrítica si se sienten criticados.


El que desarrollemos niños felices y sanos mentalmente, o niños hipersensibles con posibles problemas en el futuro, depende mucho de los padres y educadores.


Cuando realizamos las prácticas de autocompasión en los talleres de mindfulness que organizo, me llama la atención en muchas ocasiones como hay niños y adolescentes que no saben decir ni reconocer nada positivo sobre ellos mismos o sobre lo que se puedan sentir satisfechos, y el tratarse con amabilidad les parece y suena muy raro.
Hemos de ir sembrando las semillas de autocompasión para que en la edad adulta nuestros niños tengan el mayor número de posibilidades de ser felices además de competentes. Por supuesto que con límites claros y definidos y valorando positivamente los esfuerzos e incluso premiándolos. Cultivando la responsabilidad y dejándoles que se aburran para que desarrollen su creatividad, dejándoles que se equivoquen para que se hagan fuertes y superen las trabas de la vida.
Pero sobre todo educando con amor, cariño, comprensión y respeto.
El objetivo de las prácticas de autocompasión es que aprendan a darse esa amabilidad y cuidado cuando sientan que lo necesitan, y que normalmente demandan a los padres. Los niños se calman cuando sienten y perciben la disponibilidad de sus padres, si los padres no están, no sienten esa seguridad y confianza. Es entonces cuando pueden darse amabilidad a ellos mismos, seguridad y confianza, lo que les convertirá en adultos seguros y maduros.


La compasión, es la capacidad de emocionarnos ante el sufrimiento ajeno y de reaccionar para que esa persona no sufra.
Con las prácticas de compasión, el niño desarrolla la empatía antes que la compasión pues comienza a ser consciente de situaciones en las que puede ser amable con los demás teniendo en cuenta lo que la otra persona desea.
La compasión es la continuidad natural del mindfulness, primero aprendes a mantener la atención, a serenarte y a gestionar tus emociones, pero ¿cómo compartimos, conectamos y nos relacionamos?

Las prácticas de compasión enseñan a los niños a relacionarse desde la igualdad y el respeto, los hacen mucho más sensibles al sufrimiento ajeno, aprenden a solucionar los problemas mediante el diálogo. Poco a poco se va cultivando una educación compasiva. .

(Fragmento obtenido del libro “Niños atentos y felices con mindfulness – Ed Grijalbo. Pag 97)

 

Según comenta el psicólogo Gonzalo Brito, el coste tanto personal como social de reparar las consecuencias de los trastornos físicos y psicológicos derivados del maltrato, el abuso, la negligencia, e incluso más básicamente, de la falta de seguridad, afecto y estimulación, es tremendamente más alto que la estrategia preventiva.

He querido compartir este VIDEO  de Brito y la neurocientífica Cathy Andreu en apoyo a la campaña “Una infancia Sin Agravios”, enfocado a la visibilización y prevención del maltrato psicológico en la infancia.


 

Puedes aprender mindfulness, gestión de emociones y compasión para practicar con tus hijos aquí:
ninos atentos y felices con mindfulness

LINK AMAZON Niños atentos y felices con mindfulness

 

“Un fuerte abrazo mindful”

Teresa Moroño


Bióloga molecular. Curso Universitario Psicología clínica.
Profesora de Mindfulness – MBSR (Teaching Advanced Intensive) Universidad Massachusetts y Universidad Brown.

Autora libro “Niños atentos y felices con mindfulness” – Grijalbo

 

 

 

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